Tierra Entre las Manos

Al mirar este pequeño brote, la tristeza que me invade no la puedo controlar. Hoy, el agua que humedece esta tierra polvosa, se confunden con las gotas que, con cierto enojo y dolor salen de mis ojos.
Al mirar estas pequeñas plantas, recuerdo a esas del pasado; algunas transformadas en enormes hortalizas y gigantescos árboles, y otras que simplemente se rindieron ante los retos de este mundo. Es ahí donde, ya sin fuerzas en mis piernas, completamente abatido he caído al suelo junto a estas macetas.
¿Díganme, frágiles y verdes hojas; que mal hice al decirle que la amaba, que admiraba su espíritu indolente y respetaba su extraordinaria fuerza, y por qué ha traicionado a su alma y se ha rendido a la mediocridad de este mundo?
¿Por qué odia a sur ser de tal manera, que prefiere lo gris de una vida apagada, en lugar de abrazarse a su espíritu de fuego?
¿Por qué se abandonó y dejó que él la moldeara a su forma y su gusto desabrido, matando ese brillo de su alma?

¿Por qué él no la ama de verdad? Si era futuro promisorio, con un brillo increíble ¿Por qué en lugar de acompañar a su espíritu rebelde, prefirió mancillarla y convertirla en lo que él solo deseaba, aprovechándose de ese amor que ella ciegamente le profesa?
NO, yo no espero que me ame, que regrese a mi vida. Igualmente comprendo que aunque él ha sido mezquino y no la ama de verdad, ella era quien debía decidir y convertirse en lo que su alma le exigía.
Solo es que, al mirar estas semillas, estas microscópicas plantas, estas que soportan las tormentas y granizos del verano, me pregunto por qué ella no tomó ese riesgo incalculable para transformarse en aquel ser extraordinario que había en su interior.
Solo es ese inmenso dolor que me provoca el verla ahora; sometida, apagada y hasta de una forma simplemente muerta. Sin más brillo en sus ojos, ni sonrisa honesta de verdad; justo como aquellos árboles que ante un poco de lluvia, terminan por pudrirse y caerse, volviéndose despreciable leña verde que no prende, ni atrae a los demás, en lugar de convertirse en hermosos y frondosos gigantes que se vuelven felicidad y sombra para el viajero cansado.
NO, NO. No espero que me ame, no espero que regrese nuevamente; solo quisiera saber el por qué se rindió, por qué se ha odiado tanto, que ha llegado a matar a su hermosa alma.